A solas frente a nuestro mar

•October 22, 2016 • Leave a Comment

La piel de naranja del marrelajada por la suave brisa

y su infatigable bronceado solar

desvelan los cristales plateados

de las escamas que picotean

los suelos dorados. 

La Aguja pasea su cuerpo serpenteante,

mientras la Sula juguetea.

El Pulpo vaticina una tarde esplendorosa, 

mientras los nadadores muestran su destreza en las aguas tranquilas

de esta tarde animosa. 

Clavas tu mirada paternal sobre esta, tu niña ya crecida

y adviertes, resignado, la llegada de una nueva etapa en mi vida.

Advertisements

Colecciono calcetines amontonados

•February 6, 2015 • Leave a Comment

Mis libros amontonados en la mesita y el suelo te desvelan los retazos de un humor diario que escondo tras una mirada deseosa de descanso. Junto a ellos están mis gafas ya cerradas y una libreta que cuenta los pensamientos más disparatados de un lunes agotador.

Dos bolitas de colores ruedan, un poco más allá, al contacto de las patitas de nuestra gata. Esos son mis calcetines amontonados, depositados ahí mismo porque sé que son su juguete preferido. Hoy, nuestra pequeña felina ha decidido que va a merodear con nocturnidad y alevosía. Nos mira, intrigada, con esas luces penetrantes, por ver si nos movemos. Y nos rechista por abandonarnos en el colchón mullido en lugar de seguir sus pasos elegantes y silenciosos.

Tú pásate por mi lado y tropezarás con la rutina pedestre de un cuerpo cansado. Recuéstate a mi lado y deja que mi respiración se acompase con la tuya. El que ronca eres tú. Yo jamás admitiré lo evidente.

Y tú me miras, cuando yo me hago la dormida. Y me besas la frente para molestarme cariñosamente. Ahí está Visi y eso que suena al fondo son mis calcetines…chocando con todo lo que se encuentran.

 

Me encanta el olor a césped recién cortado.

•May 31, 2013 • Leave a Comment

Imagen

Me encanta el olor a césped recién cortado. Me recuerda al pueblo en verano, a llevarle las cervezas bien frías al abuelo al prao, a subirme en las pacas de hierba tostada, al pedaleo en la bicicleta en plena carrera contra mis primos.

Los olores a veces tienen esas cosas, que me trasladan a otros lugares, a otros momentos. Al sentirlos en mi nariz me recorre un escalofrío por todo el cuerpo y es como si mi mente se separase del cuerpo. 

Vuelo, vuelo.

Mi mente es mi propia máquina del tiempo. Pero no me deja darle a la palanca para ir a donde yo quiero. Mi mente vuela y punto. Y ella decide instantáneamente a dónde nos vamos. Las dos. Aunque mi cuerpo no participe del recuerdo porque ya está viejo.

Y me acuerdo de la paja del prao pinchándome en las piernas. De la sombra del árbol que no evita que nos corra el sudor por la cara por el bochorno veraniego. Del ruido de la segadora que hace eco en la montaña.

Y cuando me quiero dar cuenta he llegado a la parada del bus y el olor a humo me ha despertado de mis recuerdos infantiles.

Mismo lugar. Misma hora.

•April 25, 2013 • Leave a Comment

Angelina se sienta en la parada del bus. Cada día aparece agarrada a su bastón, con el delantal enganchado por una esquinita a la cintura, como si quisiera esconder las manchas de aceite y tomate que lleva a modo de recuerdo de su cotidiano paso por la cocina.

Hoy lleva una gorra colorada, porque dice que el sol asturiano le lastima los ojos. Se sienta junto a mí esperando la llegada de sus amigos: Pepe, María, Toñín y la entrañable Aurora. Todos pasan de los setenta y se conocen de las interminables horas caminando por el parque. Angelina dice que su médica se lo recomienda siempre: “Ande usted un poquito por la tarde, coma fruta y beba agua, ¡no se me vaya a deshidratar, Angelina!”. Pero a ella lo que le gusta de verdad es juntarse con sus amigos para jugar a la baraja en el centro social que les abre las puertas cada tarde.

Desde hace unas semanas Angelina se siente un poco sola, porque echa de menos a Aurora. El último día apareció con la mirada perdida, triste. Ha preguntado por ella o, al menos, eso es lo que le cuenta a Pepe que llega cojeando. Le cedo mi sitio, pero me quedo cerquita de ellos. Pepe, agradecido, me regala una sonrisa y como si no estuviera allí le guiña el ojo a Angelina y a mi me sonríe. “Esta guaja siempre está aquí”, le dice. Ya me conocen.

Pasa María, hoy lleva prisa. “¡No me paro que hoy viene mi nietina a merendar! No me esperéis para la partida”, se le medio oye decir a su paso.

Yo creo que esperan que Toñín si acuda. Hoy no le nombran si quiera. Vuelven a Aurora. Angelina cuenta que está preocupada y Pepe agarra su mano para darle fuerzas.

Su hija le había llamado contándole que Aurora no pasearía más junto a ellos por el parque. Sus recuerdos se han ido poco a poco borrando. Su mirada se ha perdido en el infinito. Y cuando se dirige a los demás solo dice “As. Dos. Tres. Te gané”.

Angelina se muerde el labio. Pepe no suelta su mano.

Y yo me despido por hoy de ellos. Mi bus se acerca. Nos veremos de nuevo. Mismo lugar, misma hora.

—<@ Shissa @>—

A la atención de todo un señor.

•April 15, 2013 • Leave a Comment

Querido abuelo:

¿Cuánto has llorado en silencio por no preocuparnos? ¿Cuántas noches has pasado en vela, pensando que te juzgarían si supieran que te habían engañado?

De bueno que eres te creyeron tonto, esos que ahora están en sus casas llenas de lujos, con alguien que les limpia los zapatos con que pisotean tus ilusiones. Te hicieron tragarte tus palabras sobre personas que comparten miedos y unen sus voces para pedir por lo suyo. Recuerdo los temores que tenías de que pudiera pasarnos algo si nos entremezclábamos con la gente en las manifestaciones. Antes no nos entendíamos. Pero ahora, cada día que tu cuerpo doblado por la edad y el trabajo a las espaldas hace mella en ti, vas interiorizando la necesidad de gritarle al mundo que existes, como yo, abuelo, igual que yo.
Pena y vergüenza es lo que sentimos por quienes te han robado las ilusiones de un futuro que querías compartir con los tuyos sin pasar necesidades. Vergüenza porque robar a cuatro pobres jubilados, como tú dices, es de rastreros sin escrúpulos que no saben lo que es levantarse al amanecer para mantener una familia que se ahoga con la crisis que ellos mismos han provocado a cuenta de su despilfarro.

Y pena, mucha pena, abuelo, porque esta gente malvada no sabe lo que es disfrutar de ti, y de la gente como tú. Porque no sabrán nunca que detrás del sudor y los esfuerzos que pusiste en ahorrar, había un hombre que lo daba todo por todos sin pedir nada a cambio.

¿Pero sabes qué? Que eres bueno, pero no tonto. Y me alegro de que pelees con las pocas fuerzas que te quedan por lo tuyo. Grítales, ¡¡grítales!! si es lo que te hace sentir mejor.

Gritar no es ilegal, robar sí. Y te prometo que algún día lo pagarán.

Te admiro, yayo-flauta.

Como yo quiero

•April 14, 2013 • Leave a Comment

Imagen

Si los rayos del sol alcanzan tu piel y la tuestan…

Si las miradas de los demás se posan en tu caminar…

Si, entonces, te haces visible a la existencia de los demás…

¿Dejas de ser tú? Porque al conocerte alguien, le entregas parte de ti, signifique eso lo que signifique: amor, amistad o incluso indiferencia si llega la ocasión.

Los lazos que unen a las personas son como líneas difusas que se enzarzan. Lo que tú ves como amistad, otros lo confunden con amor. Pero el amor y la amistad no dejan de ser lo mismo, a pesar de estar en diferentes estadios. Amas a tu pareja y es tu fiel sombra que no deja de acompañarte en tu día a día. Disfrutas de la presencia de tu amistad y la quieres por comprenderte sin prejuicios. ¿De qué se habla entonces? Los límites que debieran existir desaparecen mediante el respeto. La confianza, el cariño, siempre presentes en cada una de nuestras relaciones con los demás, juegan a confundir a quien no quiere ver más allá. Coincidir con alguien, sentir ese feeling, se puede dar en muchos aspectos de nuestras vidas, pero solo traspasar las fronteras que nosotros pongamos.

Y entonces…

…si devolvemos lo que nos da quien nos hace visibles.

…si conseguimos ser importantes para alguien.

…si un tú y yo no cierra la puerta a cariños diferentes.

…entonces… la humanidad es capaz de traspasar barreras simbólicas que unen a quienes más alejados creen estar.

–<@ Shissa @>–

… y con papá…

•April 5, 2013 • Leave a Comment

“Igual que se siente el lugar, los sentidos son situados; igual que los lugares toman sentido, los sentidos tienen lugar”

Imagen

 

Papá y yo hemos vuelto a nuestro rincón preferido. Lo compartimos desde siempre. Al menos… desde mi siempre, claro. Fue muy generoso la primera vez que me llevó a ese sitio. Y me pregunto si alguna vez me sentiré lo suficientemente generosa como para compartirlo yo con alguien. Mi padre siempre ha creido que el egoismo es parte de la condición humana, pero nunca ha sabido decirme por qué. Cree que es así desde que las personas aparecieron en la tierra. Yo, sin embargo, creo que el paso del tiempo es lo que nos hace peor personas. A lo mejor yo siempre he sido una egoista, porque, como digo, no estoy muy dispuesta a compartir mi espacio.

Y en efecto, estar en este lugar te hace muy especial. Especial porque compartes algo con él. Especial porque ante tí se abre la inmensidad. Especial porque con poca o nada de suerte puedes escuchar el sonido único de la naturaleza. Especial porque ahí sólo pueden estar dos: tú y él. 

Digan lo que digan, eso une mucho. No se trata sólo de lazos familiares, es una conexión especial. Y aquí otra vez ese toque de magia: lo especial del “todo” y del “nada en concreto”.

Ves las olas subir, bajar, acercarse, alejarse… Las gaviotas y algunos patos en hora de pescar se balancean en el mar azul, tostado de tanto estar a la intemperie. Las rocas sucias del tragín del agua, arriba y abajo, se te clavan dulcemente en la planta de los pies. Las zarzas, que han brotado como si la naturaleza de pronto se hubiera soltado la melena, pican en las piernas al pasar y marcan tu piel como si fueras de su propiedad.

Y entonces, mi padre me mira y me dice: “este lugar no nos pertenece”. Y empiezo a sentirme vacía y con rabia, porque mi egoismo me tiene enraizada en este lugar tan mío. Y me sonríe, “somos nosotros quienes pertenecemos a él”.

Y me siento libre. Libre como esa brisa que tanto me gusta sentir desde el acantilado que tantas veces me ha acompañado y ayudado a gritar mis penas. Libre. Y con papá. Muy muy libre.

—<@ Shissa @>—